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V DE VENDETTA

V de vendetta

Guión: Alan Moore
Dibujo: David Lloyd, Steve Wihtaker y Siobhan Dodds.

Primera edición, seriada: "V for Vendetta", en Warrior, Reino Unido, 1982-1983
Primera edición en comic book: V for Vendetta, DC Comics, Estados Unidos, 10 números, 1988-1989
Edición en libro: 1990, DC Comics / Vertigo, EE UU, con textos de Lloyd y Moore, entre ellos "Behind the Painted Smile"; con varias ediciones posteriores.
DC COMICS   |   288 pg.   |   Color  |   rústica

Edición española:

V de Vendetta, Ediciones Zinco, 1989   /   Norma editorial, 2002.

 

[ Ilustración de la cubierta del trade paperback igual a la de Norma: Kevin O'Neill ]


Voces. Individuo y sociedad en V de vendetta, por José Manuel Hinojosa


A Pilín, A Noe, a Ana; a Gerardo, a Carlos, en fin, a todos aquellos que van dejando huella.

«Las ideas sirven para cambiar el mundo. Es para lo único que sirven. Si miras a tu alrededor, prácticamente todo lo que te rodea procede de la mente humana. Vivimos en el interior de nuestras propias mentes. Le damos forma a lo que nos rodea en nuestra mente, y nos rodeamos con nuestras propias ideas.» Alan Moore

V de Vendetta, de Alan Moore, es un discurso coral de voces que claman por la libertad.

Vivimos tiempos difíciles, tiempos en los que la voz del amo del discurso se ha hecho, de forma brutal, casi omnipresente. Y se ha apoderado también de forma vergonzosa del silencio. La voz de un discurso único, prefijado, que nos dicta que nuestra única posibilidad de felicidad es la sumisión a unas ideas preconcebidas en la corte de aquellos que pervierten significados de palabras y valores en los que la inmensa mayoría hemos crecido. Así es la vida y así hay que vivirla, nos dicen. Y la voz de un destino ya fijado nos advierte: aquellos ciudadanos que no están dispuestos a seguir el orden moral impuesto por unos pocos, serán considerados traidores al progreso, a la libertad. A la Verdad.[i]

Pero la verdad, bien lo dijo Machado, no es Una para todos. Porque hay verdades, palabras sinceras que todavía pronuncian individuos que aspiran a preservar la voz que les pertenece y que los identifica. Voces que aprenden a través de su propia experiencia, de su propio dolor y alegría. De su propio conocimiento. Voces que se encaran con la sociedad de su tiempo. Que exaltan comportamientos antisociales. Que inician una ficción comprometida políticamente. Que hablan a otras voces discordantes. Voces que confirman que la utopía no es un no lugar, sino ese pequeño rincón del mundo donde seres humanos se hacen dignos en convivencia sincera con otro ser humano. Más allá de líderes y sistemas. Voces que aprenden una cultura diferente, un conocimiento distinto. Voces en aprendizaje perpetuo. Voces que proclaman, por encima de todo, y todos, la libertad individual. Voces que han sabido decir no. Voces con V. Con V mayúscula.

Voces que tienen el valor de denunciar la posibilidad de un estado totalitario que ahoga todo rasgo de individualidad en los miembros de su sociedad, voces como la de George Orwell y su novela 1984, la de Aldous Huxley y su obra Un mundo feliz y la de Ray Bradbury y su Farenheit 451. Voces a las que debemos añadir, sin discusión alguna, la de Alan Moore, uno de los autores más extraordinarios que podemos encontrar en el mundo del cómic, cuya voz se hace absolutamente personal en una de sus grandes obras, V de Vendetta, cercana en muchos momentos en contenido, aunque muy diferente en estructura a Watchmen, otra de sus grandes obras. Aunque la estructura de Watchmen sea prodigiosa, más compleja e intelectual, como el mismo autor reconoce, también nos dice que en V de Vendetta hay más pasión, más corazón, más emoción. Una historia con la que Moore quiso plasmar sus teorías sociales, adscritas a la necesaria primacía del individuo, y la importancia de las ideas, del mundo interior de cada ser humano, sobre otros ciudadanos y la sociedad a la que pertenecen.

Pero toda obra, si pretende ser perdurable, no se limita a una sola temática y, de este modo, aquí podemos encontrar temas tan variados como la necesidad e inutilidad de la venganza; el desamparo, en el que se ven envueltos todos los personajes de la obra; la educación; la autoconstrucción individual; las huellas que unos individuos y sus ideas dejan sobre otros, temas constantes en las grandes obras de este guionista. Además se ataca con dureza la insensibilidad, social, y también moral, de estados totalitarios, ejemplificados aquí en el gobierno conservador, fascista más bien, de sistemas políticos, como el que llevaba con mano férrea Margaret Thatcher, que pretenden dictar los destinos de cada uno de sus individuos, ante la abulia, eso sí, y el conformismo de estos, que encuentran en el entretenimiento diario los rasgos esenciales de la realidad cotidiana en la que habitan con absoluta parsimonia.

Escritor, Alan Moore, y dibujante, David Lloyd, consiguen una historia ambientada en una atmósfera extemporánea, congelada casi en los años cincuenta y sesenta, una suerte de retracción en el tiempo cuyos elementos de ciencia ficción parecen llevar el sello añejo de la Golden Age, aunque la idea de ambos era la de mostrar una Inglaterra fascista, una Inglaterra llevada a un sistema totalitario como consecuencia de una guerra nuclear, localizada unos diez años más o menos después del momento en que empezaron a imaginar esta historia. Lo cierto es que la atmósfera nos muestra un tiempo, un lugar perturbadoramente cercano al de estos días, en que un pensamiento único y globalizado parece apoderarse de todos los rincones de este mundo. Uno de los rasgos de toda gran obra: resultar profética.

Alan Moore: «La nueva policía anti-disturbios lleva visores negros, como sus caballos, y sus furgonetas trasportan videocámaras giratorias en sus techos. El gobierno ha expresado su deseo de erradicar la homosexualidad, incluso como concepto abstracto. Y uno se pregunta qué minoría será atacada después. (…) Y no quiero estar aquí en el futuro.»[ii]

Un futuro intemporal, un tiempo, por momentos ucrónico, en el que una gran cantidad de personajes obedecen de forma aterradora la voz de un destino que controla sus más mínimos movimientos. Y donde Alan Moore nos presenta a un crisol de personajes y acontecimientos que van entrelazándose a lo largo de los tres libros que forman V de Vendetta, historia en la que no hay concesiones a la galería.

La historia es tenebrosa y el dibujo refuerza la indefensión, la brutalidad, el desamparo de todos los personajes, buenos y malos (si buenos y malos hubiera), víctimas y verdugos (roles que se intercambian una y otra vez conforme avanza el relato), vengadores que no encuentran la paz y vengados que agradecen la muerte. Personajes desarrollados de forma modélica, envueltos todos ellos, verdugos y víctimas, en luces y sombras, debilidades y fortalezas. De esta forma, el considerado héroe, presentado de forma irónica como el villano en las primeras páginas del libro, es capaz de los más brutales actos de venganza contra un sistema que lo había sometido a todo tipo de vejaciones, y de acciones de una crueldad extrema hacia su discípula Evey, consciente de que sin dolor y trauma, el cambio, la transfiguración interior es imposible.[iii]

También verdugos como el detective Finch o la doctora Delia mostrarán dudas, temores, y arrepentimientos en muchos momentos, dejando ver su desamparo, su condición de seres humanos. De todas formas, estos verdugos presentan una característica común: la de ser fascistas, ya sea, como Finch, por no haber tenido el valor para decir no[iv] o, en el caso de Adam Susan, por ese obsesivo amor hacia la unidad y el orden, hacia el todo que no tiene en consideración a ninguna de las partes que lo forman. O como la doctora, con ese interés científico que lleva a muchas personas a considerar a otros seres humanos poco más que ratas de laboratorio con las que jugar a ser dioses. Así nos lo recuerda la misma doctora Delia, cuya muerte se convierte en manos de Moore en un acto de redención, que traerá a esta verdugo, convertida ahora en víctima, paz y serenidad espiritual.

«Rosas. Eres tú, ¿verdad?. Has venido para matarme. Gracias a Dios. Gracias.»

El cambio de verdugo a víctima es significativo: la cara de V, tan horrible en el campo de concentración para ella, se vuelve hermosa, profundamente hermosa, ya que ella vuelve encontrar en este rostro rasgos de esa humanidad que amó un tiempo. Luces sobre personajes extremadamente sombríos, rasgos de humanidad en personajes casi inhumanos, sombras y crueldad en personajes supuestamente heroicos. Seres humanos que han de enfrentarse en soledad a sus temores más íntimos.

Y es en la sensación de soledad de todos estos personajes, en la caracterización psicológica de cada uno de ellos, donde encontramos uno de los grandes aciertos de esta historieta: su polifonía, la capacidad de otorgar a cada personaje su propia voz, la habilidad para permitir que cada uno de los personajes nos cuente su propia historia y la de su entorno, constante que toma forma bajo un discurso enormemente maduro, que elude la narración omnisciente y que acota al máximo el uso de los textos de apoyo y los bocadillos de pensamiento, presupuestos que serán característica formal en los grandes trabajos de este excepcional guionista británico.[v]

Hay ejemplos numerosos de esta polifonía, capítulos donde son los propios personajes los que se caracterizan a través de la primera persona. Así, en “Versiones”, el líder, Adam Susan, nos da su visión, fascista, de una sociedad; en “El velo”, a través de las palabras de Rosemary, se nos presenta la soledad de V, Evey, y la misma Rosemary, etc.

 

[i] Uno de los ejemplos más claros en los tiempos que corren ha sido el de la guerra contra Iraq, en que los gobiernos estadounidense, británico, y español han invadido un país a partir de una mentira, la de las armas de destrucción masiva, que unos y otros presentaron como una verdad absoluta, una verdad engañosa, una mentira absoluta, a la que todavía se aferra, entre otros, José María Aznar. Y no es este el único ejemplo, pero sí el más obvio en estos tiempos que corren de que las mentiras de un sistema, gracias a sus mecanismos de perversión, pueden ser construidas como verdades ante una inmensa mayoría que acepta sin problemas todo aquello que llega a sus ojos, a su inteligencia, lo cual es una de las grandes críticas que Alan Moore dirige a una sociedad eminentemente pasiva.

[ii] Palabras extraídas del prólogo de la edición de V de Vendetta a cargo de Norma Editorial, del año 2002.

[iii] El individuo y su autoconocimiento quedan simbolizados aquí en la Galería en las sombras, donde V y, posteriormente Evey, tienen acceso a una cultura más allá de la establecida, ya sea en música, literatura, cine, con el ejemplo evidente de Valerie. La Galería en las sombras, tan semejante a la mente humana: cada zona con sus habilidades y funciones: saber, placer, creatividad. Porque el saber, como el aire, es vital para la vida. Como el aire, no debe negarse a nadie.

[iv] Para Alan Moore, no existen el mal o el bien absoluto; para él, la capacidad del mal y del bien está en el interior de cada persona y el mal se acerca a la incapacidad del ser humano para ser fuerte, para ser honesto. Esto nos lo muestra en el número 30 de Swamp Thing, con la reflexión de Matt Cable tras haber sido poseído por Arcane: «no existe la maldad, Alec... Ninguna negrura reservada a los demonios y los monstruos. Sólo existe la debilidad. Yo pude elegir». Tanto Finch domo Matt Cable, son seres humanos cuya debilidad, cuya elección, además de ser errónea provoca un daño terrible en el pequeño lugar del mundo en que habitan.

[v] En una carta David Lloyd daba a Moore sus ideas sobre cómo quería enfocar la serie en términos de diseño y ejecución, lo que incluía la prohibición absoluta del uso de efectos de sonido y, como añadido, la total erradicación de los bocadillos de pensamiento.

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 [ © 2003 José Manuel Hinojosa, para Tebeosfera 031019 ]