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ACCORSI, Andrés (1999) y Sebastián Ballesteros y Federico Velasco: “Informe Extra: La venganza de los guionistas”, en Comiqueando, # 52, Comiqueando Press, Buenos Aires


[ Cubierta de Arkham Asylum uno de los cómics en los que brillaba con luz propia el excepcional autor, pero también el trabajo del guionista, el inglés Grant Morrison en este caso. Cubierta de Dave McKean / DC Comics ]


«ALLA POR 1992, UN IGNOTO IMPRINT DE LA OSCURA EDITORIAL MALIBU SE SUBIA A LA CRESTA DE UNA OLA IMPARABLE Y ARROLLADORA Y SE APODERABA -AL MENOS POR UN RATITO- DE UNA ENORME PORCION DE UN MERCADO QUE VIVIA SU MOMENTO DE MAYOR ESPLENDOR. ¿LA FORMULA? COMICS SIN GUIONISTAS. PERO LA COSA SE DIO VUELTA: HOY LOS ESCRIBAS SON EL PRINCIPAL ARGUMENTO DE VENTAS DE MUCHOS DE LOS MEJORES Y MAS EXITOSOS COMICS QUE NOS LLEGAN DE LOS EEUU. SI PREFERIS LAS HISTORIAS COPADAS A LOS MUCHACHONES GIGANTESCOS DE DIENTITOS APRETADOS, RODEADOS DE ARMAS MONSTRUOSAS Y YIROS DE IMPOSIBLE ANATOMIA, PONETE CONTENTO, RELAJATE Y DISFRUTA DE

LA VENGANZA DE LOS GUIONISTAS

1. ¿QUIEN QUIERE SER GUIONISTA?

En un medio claramente visual como es el comic, la idea de alguien que se especialice en la faz literaria del asunto es, por lo menos, arriesgada. No es casualidad que, en la historia del comic norteamericano, hayan pasado más de 35 años para que comenzaran a aparecer verdaderos profesionales abocados a esta tarea, casi siempre considerada menor respecto de la del dibujante. Es que, ¿para qué nos vamos a engañar? La identidad de un comic está dada, a simple vista, por el dibujo. Disfrutar del guión, llegar a reconocer estilos de guión y memorizar los nombres de los guionistas, es algo así como una etapa posterior, reservada sólo para algunos. El público en general, reconoce a la historieta por el dibujo y si esta cuenta con más de un autor, recordará casi seguro al responsable de la faz gráfica.

O por lo menos esto fue así hasta la década del ‘30, cuando irrumpió en escena Lee Falk, creador de Mandrake y The Phantom. El segundo grosso (y la primera super-estrella del guión) fue Stan Lee y desde entonces, la firma del guionista pasó a ser garantía de interés por parte de un creciente grupo de lectores cada vez más exigentes, que empezó a seguir a los autores de comics (de Gardner Fox a Steve Englehart, de Harvey Kurtzman a Steve Gerber y de Archie Goodwin a Chris Claremont) como quien sigue a Tolkien, Asimov o Stephen King. Y ya en los ‘80, cuando parecía que lo único que podía hacer un guionista era clonar a Stan hasta el infinito o repetir las fórmulas de la EC en comics de monstruitos que ya no asustaban a nadie, desembarcó en los EEUU un tipo cuyo currículum no incluía justicieros enmascarados, ni zombis, ni vampiros. El tipo era Alan Moore y... estaba todo bien: pronto le daría cátedra a todo el mundo de cómo se escriben comics de justicieros, zombis y vampiros, por citar sólo algunos de los géneros en los que descolló, sin importar en lo más mínimo la calidad de los distintos dibujantes que lo secundaron en cada uno de sus revolucionarios emprendimientos.

Y sí, los dibujantes SECUNDARON a Moore. Moore le devolvió al guionista el status de estrella protagónica de la historieta, aquel del que habían gozado (en otras décadas y en otras geografías) el ya citado Stan Lee, Héctor Oesterheld, René Goscinny, Jean-Michel Charlier o Robin Wood. Y este nuevo prestigio, sumado al gran éxito obtenido por el barbado bardo británico, trajo aparejada la irrupción de toda una oleada de guionistas ingleses que, tras recalar mayoritariamente en DC, afianzaron la renovación del comic yanki liderada por Moore. En apenas tres años (entre el ‘87 y el ‘90), presenciamos la aparición en el país de los superhéroes de Grant Morrison, Neil Gaiman, Alan Grant, Jamie Delano y Peter Milligan, todos ingleses, todos responsables de títulos de notable calidad y algunos de ellos (Gaiman y Morrison) llamados a ser las estrellas excluyentes de la generación post-Moore.

Los yankis, que tampoco comen vidrio, aprendieron de los ingleses y permitieron una renovación generacional, que le dio cabida a autores con voces más personales y que -sin alejarse demasiado de las fórmulas tradicionales- le dieron al comic de superhéroes el aire que estos necesitaban luego de los potentes embates deconstructivistas de obras como Watchmen, Dark Knight y Bratpack, entre otras. Fue entonces el turno de J.M.DeMatteis, John Ostrander, Ann Nocenti, Peter David, Mark Waid y Kurt Busiek (entre otros, claro), todos ellos miembros de una generación llamada a hacer el aguante frente a lo que se venía. Si creían que la competencia con los ingleses era brava, ni se imaginaban con qué se estaban por enfrentar...

2. MI REVISTA ES UN DIBUJO

La ilustre tradición de historietas de géneros “realistas” a cargo de un sólo autor (aquella que alcanzara la cima con el Flash Gordon de Alex Raymond, el Terry and the Pirates de Milton Caniff y el Spirit de Will Eisner), se esfumó en algún momento de los ‘50, para dar paso a los equipos creativos donde un autor escribía y el otro dibujaba. A fines de los ‘60, el movimiento underground recuperó la idea de un autor único y pronto varias luminarias del mainstream (obviamente con Jack Kirby a la cabeza) probaron suerte en esto de escribir sus propias historias. Los primeros éxitos en este sentido se hicieron esperar hasta los inicios de los ‘80 cuando Frank Miller, John Byrne, Walt Simonson y Howard Chaykin demostraron que algunos grandes dibujantes podían ser también muy buenos autores integrales. El ejemplo cundió más de la cuenta y por cada Keith Giffen, Tim Truman o George Pérez que se proponían (con éxito, claro) crear sus propios guiones, empezaron a aparecer dibujantes sin más condiciones para el guión que su popularidad (como dibujantes) entre los aficionados de la época.

La bomba explotó en Marvel, en 1990: Rob Liefeld, Jim Lee y Whilce Portacio empezaron a participar cada vez más en la creación de las historias que ilustraban para los distintos títulos mutantes y, para no ser menos, Todd McFarlane pidió hacerse cargo de una nueva serie mensual de Spider-Man, donde además de dibujar, escribiría íntegramente los guiones. Los cuatro millones de ejemplares vendidos de esa infausta Spider-Man nº 1 abrieron las jaulas a las fieras: ahora cualquier dibujante de moda se sentía capaz de escribir y los editores, temerosos de perderlos, decían todo que sí. Y ni hablar cuando los dibujantes, convencidos de que no necesitaban guionistas, decidieron que tampoco necesitaban editores. Así surgió Image, la editorial de los dibujantes más hot de Marvel, donde dieron sus primeros pasos como guionistas algunos autores notables (Erik Larsen, Sam Kieth) y otros francamente espantosos, totalmente incapaces de generar historias coherentes y personajes interesantes. El ejemplo cundió fuera de Image y se largaron a escribir comics autores como Alan Davis, Dan Jurgens, Mike Mignola, Art Adams, Karl Kesel, Jason Pearson, Dave Gibbons (aunque por ahora sólo escribió para otros), Kelley Jones, Bart Sears, Joe Quesada y hasta verduleros nefastos como Chris Marrinan o Tony Daniel. Todos afirmaban querer ser el próximo Frank Miller, pero muchos se embarcaban en torpes gestas empresariales, so–ando con los millones de McFarlane, mientras que en varios casos la calidad los emparentaba más con un Liefeld o un Silvestri. El mercado daba para todo, pero estaba la sospecha de que el comic como arte podía subsistir sin aportes como Tribe, Brute & Babe, Wetworks y otros conceptos que -vistos en perspectiva- resultan de una bizarrez casi setentesca.

3. NO ESCRIBE EL QUE TIENE GANAS

Cuando en 1996 Marvel vio fracasar la movida de Jim Lee y Rob Liefeld en los títulos clásicos de la editorial, el sueño de los comics sin guionistas se terminó. El boom grotesco de los primeros años ‘90 ya era un grato recuerdo y el público que quedaba después del temblor quería otra cosa. O por decirlo de otra manera: ya nadie se acordaba de The Pitt, pero DC seguía amasando fortunas con Sandman. Los autores de “la generación del aguante” volvieron al primer plano, junto con los ingleses y los más dignos dibujantes devenidos en guionistas durante el boom. Y pasó algo grosso: surgieron nuevos guionistas, algunos iniciados tímidamente en Marvel o DC durante la brutal expansión, otros paridos en el under y otros reclutados a las huestes del comic tras haber acumulado mucha chapa en otros medios.

Hoy, once años después de que McFarlane decidiera que estaba capacitado para escribir guiones sólo porque al público le gustaban sus dibujos, todavía aparecen dibujantes que se largan a escribir y a muchos (Phil Jiménez, David Mack, Linda Medley, Gary Frank, Carlos Pacheco, Jill Thompson) les sale bien. Pero también se da otra variante: autores completos que cuelgan el lápiz para especializarse únicamente en el guión, como Brian Michael Bendis, Dylan Horrocks o Ed Brubaker. Es que hoy por hoy, los buenos guionistas son garantía de buenas ventas y no somos pocos los que nos enganchamos con tal o cual serie “porque la escribe Fulano”. ¿Estaremos yendo hacia los comics sin dibujantes? Y... algo de eso hay. ¿O me vas a decir que Promethea o Top Ten venden más por los dibujantes que por Alan Moore?

Conjeturas aparte, te invitamos a conocer a los doce guionistas más impactantes del momento, como para que los vayas fichando. ¿Quién de ellos será el próximo Moore? ¿Cuáles quedarán en el camino?¿Qué autores deberían sumarse a esta lista? Como siempre, la última palabra la tiene el lector...

(A.A.)               (...)»


  [ leer parte segunda del artículo, con repaso a las trayectorias de varios autores ]


  [ Documento cedido por Andrés Accorsi para Tebeosfera 031019. Este texto se reproduce en Tebeosfera con el permiso de su autor y sin variar su contenido. ]